Hacer lo que se quiere sin hacerle daño a nadie. Lo que intentó Cayetana. Lo que no logró Isabel.

Foto: Poprosa.com
La Duquesa de Alba, poco después de casarse por tercera y última vez.

A veces, mirar a otros puede ser la mejor manera de verse a uno mismo.

Hoy he recordado la vez que estaba en casa de una tía y encontré una revista Hola! de la que me llamó la atención su portada, en la que aparecía una mujer de vacaciones que irradiaba felicidad -aunque poco buen gusto al vestir, según mi tía-: era Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, la célebre Duquesa de Alba.  De ese momento también recuerdo que en la televisión hablaban de la muerte de Paquirri, el importante torero que dejaba viuda a la famosa cantante Isabel Pantoja.  Y ahora, 30 años después, son noticia nuevamente y vuelven a llamar mi atención. 

Ayer me levanté con la noticia de que había fallecido la Duquesa de Alba a los 88 años.  Y luego supe que Isabel Pantoja tiene hasta el domingo para ingresar a prisión, donde deberá estar por 24 meses, por el delito de blanqueo de capitales. De ambas mujeres se puede leer mucho en la prensa internacional.  Especialmente en la española, que tiene en estos hechos dos “grandes noticias” para alimentar su famosa “prensa del corazón”.

De lo que hoy he leído rescato las palabras de la (a mi parecer, simpática y auténtica) Duquesa de Alba: “Siempre he querido vivir mi vida, pero a la vez sin molestar ni fastidiar a nadie“. Palabras que aparecen en el libro Lo que la vida me ha enseñado que publicó en el 2013 por los 60 años de su ducado, y que me hacen detener no en eso de vivir la vida, sino en aquello que puede ser más complicado: no fastidiar a nadie.

Foto: Wikimedia
Isabel Pantoja, con la fuerza y alegría mostradas siempre en el escenario.

En este momento la Duquesa solo recibirá palabras buenas en su mayoría -por aquello de que “no hay muerto malo”-, mientras que a la Pantoja algunos le verán más defectos de los que tiene debido a lo que hizo.  Pero lo realmente importante es preguntarnos a cuántos hemos fastidiado por vivir la vida como hemos querido.  Y peor aún, ¿a cuántos hemos fastidiado por no vivirla?

En esta época en que la gente está perdiendo los límites para opinar, celebrar y condenar sobre la vida de los “famosos”, lo mejor que podemos hacer es mirar esas vidas que se ventilan al mundo para reflexionar sobre las nuestras que, afortunadamente, no están bajo el implacable lente de la opinión pública.  Y, al final, cambiar lo que sea necesario, tomar de ejemplo lo que sea beneficioso, mejorar lo mejorable… y vivir la vida que queremos sin hacerle daño a nadie.

A Cayetana, buen descanso.  A Isabel, buen retiro.

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