Decir adiós a unos zapatos (y a una amistad) por gastados o porque les van mejor a otros.

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En canales de cable que no sé en qué momento aparecen y desaparecen me encuentro siempre con capítulos de la popular serie Sex and the city y hoy me senté a ver un par de episodios tratando de encontrar alguna pista para varias cosas que daban vueltas en mi cabeza.  No es ningún secreto que todas las mujeres (o la mayoría) quisieran llevar el estilo de vida de su estrella, la delgada y llena de estilo Carrie Bradshaw, con un encantador departamento en Manhattan, un hombre adinerado que viene y va en su vida y con el se casa, montones de zapatos costosos, fiestas, citas, restaurantes, cosmopolitans… y todo con la fantástica Nueva York como escenario y también protagonista de la serie.

Pero el éxito que tuvo en su momento y el que aún tiene el programa está dado por otro elemento que trasciende lo anterior: la amistad.  No importan los hombres, las modas, los desamores, los triunfos o los fracasos laborales, Carrie, Miranda, Samantha y Charlotte siempre están juntas celebrando, llorando, compartiendo, discutiendo, apoyando, aconsejando, opinando, riendo, escuchando… Y es que más allá de zapatos, ropa, romances y diversión, todas las mujeres queremos (y necesitamos) amigas.

Ayer me reuní con las mías en medio del sinsabor de ponernos de acuerdo para vernos.  Lo que antes parecía tan fácil, aún sin tantas facilidades de comunicación que ahora brindan los teléfonos inteligentes, hoy es una verdadera batalla.  ¿Qué hace que un grupo de amigas que se veía con cierta frecuencia y se organizaba en un 2×3 para hacerlo no logre llegar a un acuerdo para coincidir en un lugar y a una hora determinados?  ¿Esposos, hijos, trabajos?  Todo esto yaexistía antes.  No dejo de preguntarme qué fue lo que pasó y siempre llego a la misma respuesta: cambio de intereses.

Es cierto que volvernos a ver es volver a recordar y volver a reír y, seguramente, eso que nos produce risa hoy lo hará en quince años.  Pero, ¿tendremos algo nuevo que celebrar para ese entonces? ¿Estamos condenadas a revivir solo los recuerdos universitarios y algunos otros posteriores a ese tiempo?

Quizás es momento de buscar otras amigas.  Creo que algunas lo han hecho.  Seguramente con ellas tienen una afinidad que se ajusta más y mejor a sus circunstancias actuales.  Me resisto a la idea.  No solo porque mees difícil entablar amistad con nuevas personas y porque siempre pensé que este era el grupo de amigas con el que maduraría y envejecería, sino porque era con el me sentía cómoda siendo yo.  Pero ayer tuve que aceptar que eso se había ido.

Así como hay que decirle adiós a ciertos zapatos (por gastados o porque le sirven más a otros), a ciertos amores (porque no dan para más), a ciertas ciudades (porque es mejor salir de ellas), a ciertos momentos (porque ya fueron), posiblemente también haya que decirle adiós a ciertas amigas.  Y conservar el recuerdo para reír sin resentimientos ni culpas en quince, veinte o treinta años.  Dejar atrás lo que ya no es y, quizás, abrir los ojos, la mente y el corazón a otras Carrie, Miranda, Samantha o Charlotte que andan por el mundo y con las que se puede salir a comprar un nuevo par de zapatos, probar un nuevo lugar, hablar de una nueva ilusión, construir una nueva memoria.

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